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Jordi Faulí lleva más de tres décadas ligado a la Sagrada Familia. Se incorporó al equipo del templo con 31 años —la misma edad con la que Antoni Gaudí asumió la dirección de la obra en 1883—, en un momento en el que la basílica ni siquiera tenía todavía cubierta. Desde 2012 es su arquitecto director.
Bajo su responsabilidad se ha completado uno de los episodios más complejos de toda la historia del templo: la construcción de las naves y las seis torres centrales, culminadas con la bendición de la Torre de Jesucristo el pasado 10 de junio. Hablamos con él sobre lo que ha significado continuar la obra de Gaudí sin Gaudí, sobre el reto técnico que ha supuesto dar a la piedra un papel estructural en pleno siglo XXI, y sobre lo que todavía queda por construir.
| Cargo actual | Arquitecto director de la Sagrada Familia (desde 2012) |
| Incorporación al proyecto | Se unió al equipo con 31 años, la misma edad que tenía Gaudí cuando asumió la dirección del templo en 1883 |
| Responsabilidad principal | Dirección de la construcción de las naves centrales y de las seis torres centrales |
| Próximos hitos bajo su dirección | Fachada de la Glòria (cuatro torres) y el pórtico monumental con 16 linternas de piedra |
Para Faulí, el reto principal de dirigir la construcción de la Sagrada Familia no es tanto técnico como interpretativo: mantenerse fiel a toda la información que dejó Gaudí, que es extensa.
El principal reto del proyecto de construcción de la Sagrada Familia es permanecer fiel a toda la información que dejó Gaudí, que es muy amplia. Esto implica estudiar en profundidad su proyecto, incluyendo sus escritos, las grandes maquetas que creó y los dibujos que se publicaron antes del incendio en su taller.
Jordi Faulí
Ese ejercicio de interpretación es, según explica, un aprendizaje continuo: “aprender de Gaudí para interpretar cada vez con más precisión su obra y construir con calidad, utilizando las tecnologías disponibles en cada momento”. Gaudí sabía que nunca vería terminada la Sagrada Familia, y aun así la concibió y la creó pensando en las generaciones futuras.
Esa mirada larga es, para Faulí, la gran lección que este proyecto puede ofrecer hoy: hay proyectos que necesitan ser a largo plazo, y al emprenderlos hay que pensar tanto en quienes vendrán después como en quienes han contribuido antes. Es, en sus palabras, “un proyecto basado en la continuidad a lo largo de los años”, que arrancó con la colocación de la primera piedra en 1882 y que continuará en el futuro, unido por dos factores: el propio proyecto de Gaudí y la voluntad de todo un pueblo que ha seguido construyendo según ese proyecto hasta hoy.
La culminación de la Torre de Jesucristo —la más alta del conjunto, coronada por una gran cruz de gran significado simbólico y tecnológico— ha marcado, según Faulí, un punto de inflexión que sitúa a la Sagrada Familia como referente en el panorama arquitectónico mundial y transforma definitivamente el skyline de Barcelona.
Llegar hasta ahí no ha sido sencillo. Faulí resume así el desafío de las seis torres centrales:
Creímos que era el momento adecuado para dar a la piedra un papel estructural, cumpliendo al mismo tiempo con la normativa actual —requisitos gravitacionales, sísmicos y de viento—. Finalmente, junto con ingenieros y arquitectos colaboradores, encontramos una solución extraordinaria: hiladas de piedra con barras de acero inoxidable en su interior que las pretensan y las convierten en un único panel constructivo.
Jordi Faulí
Ese sistema de piedra tesada se completa con la unión de la piedra y el acero con un adhesivo epoxi de la marca Loctite de Henkel. Este sistema modular ha permitido acelerar la construcción hasta diez veces respecto a los métodos tradicionales.
Con sus 172,5 metros, la Sagrada Familia es hoy la iglesia más alta del mundo. Pero esa altura no es casual ni es la máxima posible: es, en palabras de Faulí, una decisión deliberada que evolucionó a lo largo de los años.
Todas las alturas que Gaudí propuso, entre 160 y 176 metros, eran inferiores a la altura real de Montjuïc. Existe también una tradición oral según la cual la intención de Gaudí era que la obra del hombre no superara la altura de la montaña que Dios creó.
Jordi Faulí
Los 172,5 metros finales equivalen a 23 veces la distancia entre las columnas de la nave —el módulo básico de todas las dimensiones del templo— y se mantienen por debajo de los aproximadamente 178 metros de Montjuïc.
Preguntado específicamente por el papel de las tecnologías modernas —entre ellas, las soluciones adhesivas de Henkel— en la viabilidad de las torres, Faulí es claro sobre dónde residía la verdadera novedad del proyecto:
Este sistema de paneles de piedra pretensada, a esta escala, era algo nuevo, por lo que fue necesario no solo calcularlo y hacerlo viable estructuralmente, sino también desarrollar todo el proceso constructivo para poder ejecutarlo de forma relativamente sencilla y práctica.
Jordi Faulí
Ese desarrollo implicó diseñar cada detalle: las juntas entre paneles, las conexiones entre los paneles y la estructura de las esquinas y, de forma decisiva, seleccionar los materiales que permitieran una unión perfecta con adhesivo entre el acero inoxidable y la piedra y que cada panel actuase como una estructura única.
Para conseguirlo, fue esencial encontrar adhesivos y resinas adecuados que permitieran ese vínculo perfecto.
Jordi Faulí
Es la propia definición del papel que ha jugado Henkel en el proyecto: no el origen del sistema, sino la tecnología que ha permitido ejecutarlo con la fiabilidad que exigía una obra pensada para durar generaciones. La ingeniera del proyecto en Henkel, Begoña Cantera, explica desde el otro lado de esa misma colaboración cómo se llegó a esa solución.
Faulí recuerda con claridad el día en que asumió la dirección del proyecto, en 2012. Llevaba ya muchos años trabajando en la Sagrada Familia y conocía bien el proyecto y lo que había que hacer. Lo que más le tranquilizaba, explica, era el equipo: tanto la oficina técnica como el equipo de obra y los colaboradores externos eran, en sus palabras, “altamente capaces, muy comprometidos y bien preparados para avanzar juntos”. Fue precisamente eso lo que transmitió a los arquitectos el día de su nombramiento: que juntos serían capaces de seguir construyendo la Sagrada Familia con la fidelidad a Gaudí a la que aspiraban.
Tras más de tres décadas dedicadas casi por completo a este proyecto, Faulí explica que ha llegado a comprender cómo concebía Gaudí la arquitectura: como una forma de comunicar la fe cristiana y transmitir una sensación de elevación, de intimidad y de cercanía con Dios. Una arquitectura, tanto exterior como interior, estudiada con detalle y construida con un sistema pensado para que sus sucesores pudieran interpretar correctamente su proyecto.
La Sagrada Familia, recuerda Faulí, sigue siendo uno de los monumentos más visitados de Europa y del mundo —con cerca del 90% de visitantes procedentes del extranjero, principalmente de Estados Unidos, China, Italia y Francia— y aún no está terminada.
El siguiente gran capítulo, que arranca este mismo año, es la fachada de la Glòria, con cuatro torres en las que se dará un paso más en la tecnología de piedra tesada ya empleada en las torres centrales. A ello se sumará el pórtico monumental que Gaudí diseñó frente a esas torres como entrada principal de la basílica, con 16 grandes linternas de piedra que previsiblemente también se construirán con la técnica de piedra pretensada.
¿Desde cuándo es Jordi Faulí arquitecto director de la Sagrada Familia?
Desde 2012, aunque se incorporó al equipo del templo mucho antes, con 31 años.
¿Cuál fue, según Faulí, el mayor reto de las torres centrales?
Dar a la piedra un papel estructural cumpliendo la normativa actual (gravitacional, sísmica y de viento), lo que llevó a desarrollar el sistema de piedra tesada.
¿Por qué la Sagrada Familia no supera la altura de Montjuïc?
Por una decisión deliberada de Gaudí: ninguna de las alturas que propuso, entre 160 y 176 metros, superaba la montaña de Montjuïc (unos 178 metros).
¿Qué papel tuvieron los adhesivos según Jordi Faulí?
Fueron esenciales para lograr el vínculo perfecto entre la estructura de acero inoxidable y la piedra, uno de los muchos detalles que hubo que resolver para ejecutar el sistema de piedra tesada.
¿Qué queda por construir en la Sagrada Familia?
La fachada de la Glòria, con cuatro torres, y el pórtico monumental con 16 linternas de piedra.
La entrevista con Jordi Faulí deja clara una idea central: la gran innovación de la culminación de las torres de la Sagrada Familia fue el sistema de piedra tesada, concebido por el propio equipo técnico del templo para dar a la piedra un papel estructural sin precedentes a esta escala. Los adhesivos de Henkel no fueron el origen de esa innovación, sino la tecnología que permitió construirla con la fiabilidad, precisión y durabilidad que exige una obra pensada para perdurar generaciones.
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